Tengámoslo claro: la clase capitalista ha vencido. Por eso aceptamos la matanza en Gaza. Por eso seguimos suministrando armas a Israel. Por eso simplemente nos reímos de los esperpentos que protagoniza el bufón de Washigton. Somos los vencidos. ¿Sin esperanza?
El liberalismo, al que Rosa Luxemburg llamó por su nombre más apropiado —«oportunismo»— es un componente integral del capitalismo. El liberalismo mitiga los excesos del capitalismo. Pero el capitalismo, argumentaba Luxemburg, es un enemigo que nunca puede ser apaciguado. Las reformas liberales atenúan la resistencia, pero más tarde, cuando las cosas se calman, son revocadas. El último siglo de luchas obreras en Estados Unidos ofrece un caso de estudio de la observación de Luxemburg.
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