La vida de película del anarquista gaditano que protegió al soldado que rezaba en la Batalla del Ebro
Finales de julio de 1938, en un lugar indeterminado entre Gandesa y Corbera, Terres de l’Ebre. La 16ª división del Ejército Popular de la República, comandada por Manuel Mora Torres, se dirige hacia la batalla más decisiva de la Guerra Civil española. Exhausto, Juan López, anarquista de Jimena de la Frontera, un pueblo corchero de la sierra de Cádiz, se acerca a un pozo para llenar la cantimplora. Allí escucha el sollozo de un prisionero, que al sentirse observado arroja algo al matorral. López lo recoge: es un escapulario cuyas letras bordadas dicen “detente, bala”, por un lado, y “Señor, protégelo”, por el otro. El prisionero tiembla, cree que va a morir, y cuenta al anarquista que su abuela se lo colgó al cuello mientras le decía que le rezara cuando se viera en apuros.
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