Hacia una praxis de la resistencia
Vivimos tiempos en los que la arquitectura de la paz mundial no solo se está desmoronando, sino que está siendo desmantelada deliberadamente. Los tambores de la guerra mundial resuenan más fuerte que nunca, ahogando las voces de la razón. En todo el mundo, el poder imperial avanza sin piedad, indiferente a las vidas humanas. Ante tal fuerza, el silencio es complicidad. Nos vemos obligados a hablar, no porque las palabras por sí solas vayan a detener las bombas, sino porque negarnos a hablar significa renunciar a nuestra humanidad.
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