«Hay que fingir normalidad mientras estamos cada vez más dementes»
Fingir la diplomacia de la conversación bajo el código de que el otro me importa pero en el orden moral de preguntar cómo está. Cabe bien en esta época lo que el fascismo pregonó y surtió efecto: creer que podemos en algo que no somos. Sacrificamos e inmolamos nuestras vidas al estamento del status.
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