Auge y caída de Ciudadanos, Podemos y...¿Vox? Un pueblo hastiado que busca desesperadamente el cambio y sólo encuentra chiringuitos personalistas
El auge de Vox en el último año no es mérito del partido. Candidatos autonómicos incapaces de hilar dos palabras sin liarse, una estructura territorial escuálida, un caudillo cuyo único mérito es ir mucho al gimnasio y llevar trajes 3 tallas por debajo de la suya pero que no ha cotizado un solo día de su vida y es intelectualmente nulo...Seamos honestos, la militancia de Vox es un pequeño rebaño de pegacarteles y su dirigencia una mezcla de neofascistas podridos de odio y, sobre todo, de arribistas que han entrado al partido soñando con vivir como Dios sin trabajar. Y ahora, estando en la cresta de la ola electoral, Abascal ha concluido que es el momento de purgar a todo aquel que no le profese una lealtad absolutamente perruna, o que simplemente ocupe el puesto de otro a quien Abascal debe favores y tiene que promocionar. Se abre ahora una ventana de esperanza para los demócratas: que nazca un nuevo partido ultra con Espinosa de los Monteros y Ortega Smith a la cabeza, que se lleven la mitad de los votos de Vox y que la ley electoral les penalice tanto que ambos partidos juntos no sumen ni 30 escaños. Pero la gran pregunta es ¿Cómo semejante fauna ha llegado a ganarse la confianza del 20% de los electores?
Cierto es que el dinero húngaro, el apoyo de Trump y el compromiso de los caciques españoles que financian a Vox soñando con volver a Los Santos Inocentes ayudan mucho, al igual que el enjambre de pseudomedios y cuentas en redes sociales que ejercen como su aparato de propaganda. Pero hay un factor aún más relevante: el desarraigo político de un amplísimo sector de la sociedad española que, tras el 15M, se desengañó del bipartidismo, que ya no se traga la inmensa montaña de estiércol cubierta con purpurina dorada que es el mito de la Transición y los grandes consensos entre dos partidos que representan sustancialmente los mismos intereses bastardos, y que quiere algo distinto. Ese algo empezó traduciéndose en ideales de regeneración democrática y justicia social, capitalizados por Podemos y Ciudadanos.
Cuando Ciudadanos se reveló como la acrítica muleta del PP y Podemos se pudrió con los delirios ególatras del Amado Líder y su corte de advenedizos, toda esa gente quedó huérfana de nuevo, y cada vez más cabreada no sólo por el desengaño de la "nueva política", tan extremadamente parecida a la vieja, sino por el paulatino deterioro de su calidad de vida tras la crisis del COVID, que (no seamos hipócritas) hoy ha llevado a la más absoluta precariedad a jóvenes, trabajadores que cobran el SMI y parados de larga duración, en un contexto donde la limitada subida de sueldos y prestaciones sociales es ínfima en comparación con la subida del precio de la vivienda y la cesta de la compra. Hoy, pese a tener "el gobierno más progresista de la Historia", vivimos claramente peor que hace 25 años. Porque, obviamente, el Gobierno mantiene una tibia política de centro izquierda que no acoge medidas sociales tan básicas como topar el precio de los alquileres o subir el SMI a cotas verdaderamente idóneas para garantizar una vida digna. Cierto es que tenemos un parlamento con mayoría de derechas que no le dejaría...pero al menos debería intentarlo para que la ciudadanía sienta que está de su parte.
Y ahí entra Vox. Es una maldita basura a todos los niveles, pero ofrece un chivo expiatorio indefenso al que culpar de todos los problemas (la inmigración) y, sobre todo, ofrece quemarlo todo. Y eso es muy tentador para quien se siente pisoteado por el sistema, sobre todo si su formación cultural, y sobre todo política, es limitada (cosa que el PPSOE ha fomentado durante estas décadas para que el personal sea lo más manipulable posible, y que ahora se le vuelve en contra). Es el voto del castigo, de la rabia, del "no tengo nada que perder y si todos me han decepcionado votaré a éstos aunque sólo sea para que se venguen en mi nombre y purguen a toda la casta política que me ha vendido". Da igual que ayer fuesen el único partido que emitió su voto contra la subida de las pensiones, que voten contra la subida del SMI y que su programa se centre en destruir los pocos derechos laborales y sociales que tenemos, privatizar servicios públicos y privilegiar a los más ricos aún más de lo que lo están, con medidas como rebajar drásticamente sus impuestos. Porque el odio y la desesperación ciegan hasta el punto de hacerte caer por un precipicio.
Eso explica que Vox, integrado por semejante atajo de analfabetos, estafadores, vendehumos y tarados de alma podrida, que ya han comenzado a devorarse entre ellos, hayan alcanzado semejante relevancia. Y eso explica también que un indepe que dice las verdades del barquero como Rufián ilusione mil veces más que las viejas caras de la política nacional. Hay capital humano para cambiar el país. Sólo necesitamos gente ejemplar (sobre todo ejemplar, que predique con el ejemplo y goce de virtudes morales básicas como la humildad y el desapego al sillón) para volver a ilusionar a quienes se refugian en la abstención o se han vendido al patético diablo de Vox por despecho. Aún nos queda un año y medio.
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