La lección del viejo mafioso y la estupidez infinita de Trump
Hace tiempo vi una película sobre un chico de los bajos fondos de Nueva York que entra en la mafia como recadero (dedicándose a llevar mensajes o paquetes a células mafiosas) y, escalón tras escalón, acaba siendo un gran capo. En una escena, cuando ya le han dado un arma y va a empezar a ejercer como matón, un mafioso experimentado le lleva a una tienda y le deja en la puerta: el chico tiene que amenazar al dueño y lograr que acepte pagar una cantidad mensual a la mafia para que lo protejan de sí mismos. Y el mafioso le da un consejo al chico: "presiónale para que acepte pagar una buena cantidad, pero no le acogotes demasiado...un hombre desesperado es capaz de cualquier cosa".
Cuando los voceros de la ultraderecha alababan a Trump por haber convertido Venezuela en su colonia, la imagen no podía ser más patética. Porque no había nada que alabar, y ellos mismos lo sabían. Que una superpotencia secuestre al presidente de un país militarmente muy inferior y soborne a su vicepresidenta para que sea el títere del gran país, no tiene mérito alguno. Porque es extremadamente fácil. Igual que imponer aranceles abusivos o cometer cualquier otra tropelía que sojuzgue a países más débiles o les imponga relaciones de vasallaje. La diferencia de poder es tan inmensa que hasta un mono podría hacerlo, pues el miedo a las consecuencias de hacer frente al coloso es muy paralizante. Sólo hay un límite que incluso un mono entendería: no imponer condiciones tan salvajemente abusivas o denigrantes que conviertan al país en ese "hombre desesperado" que, pese a su debilidad, está dispuesto a inmolarse porque se lo han quitado todo, y que en esa inmolación puede hacer mucho daño al coloso, sobre todo si se alía con otras víctimas para hacer un frente de resistencia común. Esa línea roja, esa opresión a partir de la cual el país aceptará jugarse el todo por el todo, es bastante fácil de identificar valorando factores como la idiosincrasia de cada nación o su nivel de fortaleza militar dentro de la debilidad.
Pero Trump es más estúpido que un mono, y sus asesores se dividen entre patanes analfabetos como él (caso del ministro de defensa, un presentador de la Fox imputado por violencia de género y agresión sexual) y otros más listos pero incapaces de contradecirle porque saben que eso equivale a su defenestración inmediata. Por eso se saltó la línea roja con Irán, sin darse cuenta de que la guerra que ha iniciado es directamente existencial para esa nación y para los centenares de miles de milicianos bien armados por ella (hutíes, Hizbolá, milicias iraquíes...) que saben que la caída del gobierno de Irán y su sustitución por un reyezuelo trumpista (el muy imbécil ha dicho públicamente que el nuevo líder iraní será puesto por él y que EEUU se quedará el petróleo del país) convertirá a Israel en la potencia absoluta e incuestionable de Oriente Medio, con capacidad para cumplir su sueño del Gran Israel invadiendo Siria, Líbano...y deportando a todo el pueblo palestino, así como a parte de los pueblos sirio o libanés. Aparte de que la religión chií tiene más de 200 millones de feligreses por todo el mundo e Irán es su Vaticano, un Estado que la mayoría de creyentes de esa fe no aceptarán perder, entre otras cosas porque eso les dejaría inermes ante la persecución sin piedad que están sufriendo por parte de gigantes suníes como Arabia Saudí y por grupos terroristas como el ISIS, que en la última década ha asesinado a miles de chiíes.
Por eso ahora mismo Irán y todos los pueblos oprimidos por los nazis sionistas del gobierno israelí son ese hombre desesperado que prefiere morir a que se lo quiten todo. Y por eso la guerra va para largo y será devastadora para EEUU y sus aliados. Y predigo que Irán la ganará, en el sentido de que saldrá de ella en una posición más ventajosa que la actual. Cuando Irán estaba en la mesa de negociaciones, aún era ese hombre con cosas que perder que aceptaría un acuerdo desventajoso para no sufrir la incertidumbre de la guerra. Cualquier mono habría sido lo bastante inteligente para aprovecharlo. Pero Trump, pese a tener fisonomía de mono y bramar como un chimpancé, por desgracia no es tan listo como un mono.
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