El secuestro de Maduro y Las Dos Torres
Acaba de conocerse el secuestro del presidente venezolano por parte de tropas estadounidenses que aterrizaron en Caracas para ejecutar la operación, rodeada de una fuerte campaña de bombardeos destinada a generar el caos que la facilitase. No dudo de que Trump cuenta con el apoyo de una parte del ejército y la administración venezolana, imprescindible para hacer algo así (se han filtrado imágenes de una larga hilera de helicópteros estadounidenses volando por Caracas sin demasiada velocidad y sin ser derribados). Ahora la duda está en si el chavismo tiene suficiente fidelidad a nivel militar como para que una parte del ejército acepte resistir al gobierno títere que Trump va a colocar para que le sirva en bandeja el petróleo venezolano. Si es así, y teniendo en cuenta que, pese a sus innumerables errores, prácticamente la mitad de la sociedad venezolana sigue apoyando a Chávez, auguro un Vietnam caribeño para las tropas useñas.
Cuando Trump tomó el poder, gente de la derecha europeísta me decía que esto no tenía que ser malo ni para Europa ni para Ucrania, porque Trump era un tipo duro que metería en cintura a las amenazas antidemocráticas y antiliberales, como Putin. Yo les replicaba que sólo hay dos diferencias entre Trump y Putin. El segundo es muy inteligente y el primero es un simio manipulable con lisonjas y mentiras. Aparte, Putin ha tenido décadas para destruir toda oposición interna y convertir Rusia en una dictadura donde se encarcela y tortura por ser homosexual o criticar al déspota públicamente. A Trump le encantaría eso para EEUU, pero no ha tenido tiempo de implementarlo. Por lo demás, Trump y Putin son exactamente iguales: ultraconservadores, imperialistas, homófobos, machistas, crueles, sanguinarios y totalitarios, Y digo totalitarios porque, como ni Trump ni Putin ofrecen justicia y derechos a la población, intentan encontrar su fuente de legitimidad en la imposición de un tradicionalismo rancio basado en el "Dios, patria y familia tradicional" (sé un esclavo pero orgulloso porque también eres blanco y heterosexual) que, con flagrante violación de derechos humanos como la libertad religiosa o de conciencia, implica la persecución de quien no encaja ahí, y el privilegio hacia las iglesias ultraconservadoras u lobbies xenófobos que persiguen al musulmán, al homosexual, al inmigrante al de piel oscura...
Trump y Putin también adoran la ley de la selva o ley del más fuerte. Y la defienden sin tapujos. Cuando invaden un país, no se molestan en pergeñar excusas mínimamente creíbles. Trump reconocía abiertamente que ataca Venezuela porque quiere el petróleo venezolano que Chávez robó a los yankis (es decir, que EEUU es legítimo propietario del petróleo venezolano). Putin, cuando invadió a Ucrania, se inventó la parida para idiotas de la desnazificación de un país con un presidente judío que quería entrar en la UE en lugar de estar bajo la influencia de un dictador de extrema derecha. Pero pronto empezó a reconocer que invadía Ucrania porque Ucrania es Rusia quieran o no los ucranianos. Es decir, porque Ucrania es suya igual que Venezuela es de EEUU. Porque son los más fuertes y están dispuestos a machacar a quien se lo discuta. Del mismo modo, EEUU ya ha dejado claro que financiará y promoverá a los partidos ultraderechistas europeos para que desintegren la UE y conviertan sus naciones en virreinatos dirigidos por un cacique local (obviamente ultraderechista) al servicio de los intereses de Trump. El genocidio en Gaza, absolutamente impune, corrobora que tanto los imperios como sus aliados preferentes tienen carta blanca para cualquier crimen contra la humanidad.
Esta situación recuerda bastante a la alianza entre Isengard y Mordor en El Señor de los Anillos. La alianza de dos tiranos para repartirse los pueblos libres de la Tierra Media. Europa del Este (y parte de África) para Putin, controlada por virreyes o Lukashenkos locales en cada nación sometida al nuevo imperio ruso. Europa occidental y latinoamérica para Trump, controlada por Mileis o Abascales locales. Misma ideología, misma barbarie, misma negación de los derechos humanos, mismo retorno del Antiguo Régimen, misma destrucción de la idea de que los pueblos y los individuos poseen derechos inalienables e inherentes a su dignidad independientemente de su religión, raza o fuerza militar. Ahora el fuerte manda y somete a sangre y fuego los recursos naturales, la soberanía y las conciencias. Y ya no necesita excusas para ello, pues en el nuevo orden la fuerza es la suprema fuente de legitimidad.
Esto no deja a los oprimidos de ciertas zonas geográficas otro remedio que la lucha armada para, desde su vulnerabilidad, intentar hacer sangrar lo bastante al tirano que quiere sojuzgarles como para forzar su retirada. En Europa, por suerte, aún podemos pararlo con los votos. Se dice que el gran virrey de Putin y Trump en la UE, Orban, va a caer en las elecciones generales de este año. Sería un duro golpe para ambos. Tan duro que no descarto que lo solucionen con un golpe militar tras acusar a la oposición de amañar las elecciones. Sea como sea, toca combatir a la barbarie con las armas que en cada lugar podamos emplear, antes de que su fuerza erradique toda oposición.
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