¿Por qué es lícito pactar con Bildu y no con Vox?
Esta semana dos jóvenes vascos fueron detenidos tras presentarse en comisaría días después de ser identificados por la Ertzaintza en un camino rural de Eskoriatza (Guipúzcoa) junto a un irlandés vinculado a la disidencia del IRA. La Ertzaintza les requisó diverso material informático y en papel, pero no les detuvo. Entre lo requisado había archivos encriptados con datos personales de guardias civiles y policías, y unos mapas que supuestamente llevaban a zulos de ETA. Hoy la policía foral navarra ha rastreado las ubicaciones de los mapas, pero no han encontrado nada, no se sabe si porque nunca lo hubo o porque alguien limpió la zona en el intervalo temporal comprendido entre las identificaciones y las posteriores detenciones, que se produjeron después de que la Audiencia Nacional ordenase la detención de los jóvenes con base en la documentación incautada. Actualmente están en prisión provisional acusados de terrorismo.
Los jóvenes pertenecían a JKS (Jardun Koordinadora Sozialista), una escisión de la izquierda abertzale que agrupa a su línea más dura, incluyendo los nostálgicos del terrorismo, y que consideran a Bildu un partido aburguesado, traidor a Euskal Herria y cómplice del Estado español. Algunos de los presos de ETA más sanguinarios, como Txapote o Zabarte Arregui (el Carnicero de Mondragón, recientemente fallecido) se ubican en esas tesis y han roto con Bildu (Zabarte criticó públicamente al partido y Txapote lleva un lustro sin votarlo desde la cárcel). Así que el "que te vote Txapote" de Ayuso es tan falso como todo lo que suele salir de su boca.
JKS no existe a nivel legal, al no ser partido ni asociación registrada, pero tiene su predicamento entre los sectores más duros de la vieja HB y comparte con PP y Vox una inquina exacerbada hacia Bildu, al que ataca tanto o más que a la ultraderecha. Y es que Bildu no es HB, el antiguo brazo político de ETA. En primer lugar, Bildu es una coalición de partidos donde, aparte de Sortu (partido heredero de HB) están Alternatiba o EA, partidos que siempre condenaron el terrorismo e incluso sufrieron amenazas de ETA. En segundo lugar, Sortu ha entendido que la violencia terrorista es una rémora que aísla a la izquierda abertzale de la inmensa mayoría de la sociedad vasca y, aunque sea por interés estratégico, rechaza explícitamente todo tipo de violencias (también puede influir que se hayan dado cuenta de lo intrínsecamente perverso del asesinato de un panadero o un albañil por ser concejal de pueblo, y seguramente así sea en buena parte de los miembros de Sortu, pero como soy malpensado por naturaleza creo que el factor decisivo para que abandonasen su complicidad con ETA y apostasen por su disolución fue el aislamiento que sufrían).
Lo cierto es que ETA lleva 15 años disuelta y, dejando aparte a algún cafre fanatizado de JKS, nadie quiere que vuelva. Puede que, principalmente por miedo a perder base electoral en dirección a JKS, la condena pública de algunos líderes de Bildu a los viejos terroristas no sea tan contundente como la ética exige (aunque siempre más contundente que las inexistentes críticas y no pocas loas de Vox a la mil veces más atroz dictadura franquista, y digo mil veces más atroz porque ETA eran unas cuantas decenas de pistoleros, y Franco tenía bajo su mando a cientos de miles de policías y militares para torturar, encarcelar y liquidar disidentes, y aterrorizar a todo el pueblo español). Pero lo cierto es que Bildu ha rechazado la violencia y eso nos permite mirar al presente.
Y en el presente tenemos un partido sin casos de corrupción, singularmente comprometido con la justicia social y autor de algunas de las iniciativas más ambiciosas para la protección de los españoles más vulnerables, como la subida de las pensiones no contributivas para todos los pensionistas del país, o el haber forzado que tales pensiones tengan en Navarra un importe mínimo de 1100 euros. Un partido que, además, es profundamente odiado por los verdaderos nostálgicos del terrorismo debido a su distanciamiento con aquel.
También en el presente tenemos a un Vox radicalmente antisocial, que propone un neoliberalismo salvaje, la privatización de las pensiones, la bajada radical de impuestos a quienes más tienen, la eliminación del SMI y la asfixia económica de los servicios públicos imprescindibles para asegurar los derechos humanos de cada ciudadano. Un Vox que, además, se parece muchísimo a la vieja HB por su discurso de odio, satanización y deshumanización hacia los colectivos que, emulando al NDSAP con los judíos, pretende usar como chivos expiatorios y causa de todos los males del país, desde los musulmanes a los migrantes en general pasando por los movimientos feministas. Un Vox que, como HB cuando ETA mataba, se niega a participar en las concentraciones y minutos de silencio por las víctimas de violencia machista sosteniendo que esa violencia no existe, y que difunde sistemáticamente bulos sobre actos delictivos execrables cometidos por migrantes, como hizo Goebbels para provocar la Noche de los cristales rotos.
Con estos mimbres, entenderéis que me parezca positivo para el país cualquier pacto con Bildu que implique incluir en la acción de gobierno nacional sus recetas sociales. Y profundamente nefasta cualquier influencia de un partido radicalmente negador de los derechos humanos como Vox. Primero porque el presente (con el futuro que lleva aparejado) es mucho más importante que el pasado. Y segundo porque el pasado que defiende Vox es tan siniestro como el presente que busca imponernos.
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