¿Woke o pijoprogre?
Odio el término woke, tanto por el hecho de que su uso se ha generalizado a través de las redes de propaganda ultraderechista como porque se emplea comúnmente para denigrar cualquier sensibilidad de izquierdas. Por eso jamás lo usaré. No obstante, una vez discutí con alguien que empleaba la palabra "woke" solamente para criticar a una parte de lo que podríamos llamar izquierda. Y le repliqué que si cambiaba el término por el de "pijoprogre" los dos estaríamos totalmente de acuerdo tanto en el fondo de lo criticado como en la palabra perfecta para criticarlo.
¿Qué es un pijoprogre? Hay un pasaje bíblico que los describe a la perfección (Mateo 23:23-26):
23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas. 24¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
Seguimos con la definición empleando ahora un ejemplo. En un foro de internet que leo mucho, una profesora de universidad (que escribe asiduamente allí) se quejaba un día de que su institución no estaba haciendo lo suficiente por imponer el lenguaje inclusivo en cualquier recurso escrito u oral, desde institucionales a docentes. Y otro día justificaba que las plazas de profesorado (pagadas con el dinero de todos los españoles) se den a dedo porque los candidatos enchufados ya están plenamente integrados en el departamento y son de confianza.
Un pijoprogre es esencialmente hipócrita, estúpidamente intolerante, políticamente miope y socialmente privilegiado. Vive en su cómoda burbuja convencido de que cada parida enunciada por la élite intelectual a la que cree pertenecer constituye un axioma, un dogma de fe de importancia superlativa que todos deben acatar incondicionalmente, porque si no la sociedad se convertirá en el infierno en la tierra. El pijoprogre habla mucho de micromachismos, tan microscópicos que muchas veces la gente con dos dedos de frente ni siquiera los ve. No habla tanto de pensiones dignas, derechos laborales, redistribución de la riqueza mediante impuestos progresivos o depuración de enchufes, clientelismos y otros abusos de poder en las administraciones públicas. Al pijoprogre le apasiona lo simbólico (hasta el punto de acumular y exhibir hasta el asco interminables y agotadoras cadenas de símbolos-zarandajas) pero relega lo tangible, aquello de lo que de verdad depende la dignidad del ciudadano, a un segundo plano.
Y por todo esto el pijoprogre causa aversión a la verdadera clase trabajadora. Porque rezuma un ridículo elitismo por cada poro de su cuerpo, exhibe hábitos y estilos de vida difícilmente diferenciables del pijo clásico, y muestra un lenguaje gestual (sobre todo el tono de voz) indistinguible del propio de los niños bien de toda la vida. Ello aparte de su incomprensión hacia los verdaderos problemas de la gente, aquellos que te impiden llegar a fin de mes o curarte adecuadamente si enfermas. De ahí la necesidad de regenerar la izquierda española limpiándola de cualquier residuo pijoprogre.
Soy de los que dicen que ya no se hace música o cine como los de antes, y con la actual generación de dirigentes políticos pasa (dejando aparte alguna pequeña salvedad) lo mismo. Echo de menos la austeridad y ejemplaridad de figuras como Marcelino Camacho o Julio Anguita. Su denuncia contundente de los problemas reales de la ciudadanía. La honorable negativa de Anguita a convertirse en la muleta del PSOE y su lucha denodada contra la corrupción de González, y su retorno al trabajo de maestro público que siempre realizó, en lugar de aferrarse al escaño como una lapa para seguir pagándose el chalet. O el piso sin ascensor de un barrio obrero en que vivió Camacho hasta su muerte. Porque para defender al pueblo hay que vivir con él. Así no se olvida lo importante (que, por cierto, no es incompatible sino plenamente coherente con el feminismo o la defensa de los derechos de las minorías...pero en serio y sin tratados interminables sobre el sexo de los ángeles y las cien mil conductas inocuas que no deben decirse si no quieres ser un vil machista porque nosotros hemos concluido que son pecado mortal).
La admiración que me producían Anguita o Camacho es tan intensa como el hastío que me provocan un grupillo de pijoprogres tomándose el starbucks más caro mientras elaboran un manifiesto sobre la maldad intrínseca de quien se niegue a decir "todes", manifiesto que terminarán en el chalet-piso exclusivo en el centro de Madrid de cualquiera de ellos. Un hastío que se vuelve rabia cuando me doy cuenta del relevante papel que han tenido en la desconexión entre izquierda y clases populares, con el correlativo ascenso del cáncer de la ultraderecha. Necesitamos que la izquierda vuelva y lo pijoprogre quede relegado a la insignificancia que le corresponde. Entre otras cosas, para que cuando los ultras hablen de wokes no haya ni un solo trabajador que les dé la razón.
Gustatu zaizu? Batu eta partekatu zure iritzia
Erregistratu Livingstone85(r)en eduki gehiago ikusteko, botoa emateko, iruzkinak egiteko eta zure ideiak komunitatearekin partekatzeko. Ziur ez al zaude? Ezagutu nola funtzionatzen duen.
Iruzkinak (0)