Historia sobre cómo acabé con 30 macetas inundando mi casa (y consejos de jardinería)
Sucedió que, a finales de mayo, tuve el deseo de tres flores, cada una en su maceta. Pero como verlas nacer me parece algo tan hermoso como la flor misma, compré tres macetas, sustrato y semillas-bulbos de oxalis, allium y alcea, todo ello en Leroy Merlín. El sustrato era de buena calidad, pero las semillas claramente tenían algún problema, pues un mes y pico después no había brotado ninguna. Ciertamente, la forma en que estaban almacenadas (una caja de cartón enorme con decenas de sobres polvorientos) no llamaba a la esperanza, pero aun así la mantuve hasta el final. Entonces me fui a una floristería de barrio y compré semillas de reina margarita y sendos tubérculos de begonias. A los pocos días, habían brotado con entusiasmo. Uno de los tubérculos era tan vigoroso que en 2 semanas ya lucía hojas más grandes que las de una lechuga, mientras que el otro, más rezagado, tomó un camino más lento pero igualmente constante. Aquí tenéis fotos actuales de ambas (cuidarlas es sumamente sencillo: deben estar junto a una fuente de luz indirecta potente, pero sin sol directo salvo a última hora de la tarde, que les doy una hora y media de sol suave).
El problema (o no) de las reinas margaritas estuvo en que no leí el sobre, y pensé que eran margaritas comunes. Eché el sobre entero en una maceta y me encontré con más de 100 brotecitos, convirtiendo la tierra en un campo de césped donde casi no se veía debido a la densidad. Pero resulta que las reinas margaritas son plantas que pueden alcanzar los 80 centímetros de alto y precisan una maceta de al menos 20 centímetros por cabeza. El entuerto sólo podía desfacerse dejándolas morir o trasplántándolas. Y opté por lo segundo, comprando una treintena de macetas y sustrato muy barato en un chino cercano (no por tacañería sino porque volver a Leroy Merlín era pesadísimo, y la floristería también me pillaba lejos para ir cargando los sacos de sustrato).
Hice el trasplante provisional metiendo 3 reinas margaritas en cada maceta, y con la firme convicción de comprar otras 70 macetas si prosperaban lo bastante como para aguantar un segundo trasplante. Al ser tan pequeñitas, murieron muchas, y finalmente me quedé con 20 macetas de reinas margaritas que, a estas alturas, tienen pinta de que alcanzarán la madurez. Os paso fotos de dos (la reina margarita también es fácil de cuidar: superficie de la maceta siempre húmeda pero no encharcada y más sol que las begonias, ahora en agosto suelo ponerles 3 horas, una a primera hora de la mañana y luego de 18:00 a 20:00).
Y como me daba pena dejar vacías las 10 macetas restantes, compré semillas de caléndula y una rama-esqueje de dalia para llenarla. La rama de dalia, que es más grande, la puse en un macetón. Las caléndulas ya han brotado, y la rama de dalia aún no ha dado señales de vida, pero aún es pronto. Os pongo fotos de ambas. La rama se entierra con el tronquito fuera, y con los 3-4 tubérculos que van unidos a ella bajo tierra. Las caléndulas requieren algo más de sol que las reinas margaritas, y la dalia muchísimo más (unas 6-8 horas) pues es una exuberante flor mexicana con que los aztecas solían decorar la estatua de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra. Por otro lado, las caléndulas son muy inquietas, y su tallo cambia de ángulo y orientación varias veces al día. Puedes verlas tumbadas a las 10 de la mañana y plenamente erguidas a las 12.
De otra parte, tener 30 macetas en una casa es sinónimo de plagas. La más común y liviana es la de las mosquitas del sustrato, unos mosquitillos diminutos que crían en el sustrato húmedo. Con las trampas adhesivas amarillas que veis en las fotos y un riego de agua con nematodos (bichos microscópicos que atacan a las larvas del mosquito) se mantienen a raya sin problema. La segunda plaga (más fastidiosa pero ya resuelta) fue de unas moscas verdosas que sin duda alguna nacieron en el sustrato baratero del chino. La única solución posible fue identificar los focos, vaciar las macetas y volver a llenarlas con sustrato de calidad. Ahora mismo llevo días sin ver ninguna.
De otra parte, cultivar 30 macetas de flores con necesidades distintas de sol y agua es una excelente forma de obligarte a hacer ejercicio. En mi caso, mi ejercicio físico siempre ha sido caminar 2-3 horas al día, pero desde que tengo esta legión vegetal he sumado los requerimientos derivados de moverlas 3 veces al día de un lado a otro para que no se quemen ni les falte sol.
En definitiva, nunca quise tener 30 macetas sino solamente tres, pero (sobre todo ahora en vacaciones) me está gustando. Siempre me ha parecido que la vida en sus etapas iniciales es singularmente preciosa, y verla crecer es uno de los espectáculos más bellos de este mundo. Y sentir que contribuyes a ese crecimiento, aunque sea a pequeñísima escala como sucede cuando cuidas una planta, te permite conectar en primera persona con ese milagro.
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